Veintidós años en el oficio, casi todo comercial. Hice el calcetín que siempre quise traer en el trabajo.
No te voy a decir que soñé con poner una empresa de calcetines. Soy electricista. 22 años, casi todo comercial. Hospitales, almacenes, centros de distribución. Pisos de concreto, días de doce horas.
A los veinte no lo sientes. A los cuarenta y cinco tus pies están acabados para la hora de la comida, y te acabas un paquete de calcetines al mes. Talones rotos. Empapados para el mediodía.
Lo que de verdad me molestó fueron los calcetines que compré toda la vida. Se hicieron delgados. Más cortos cada año. Llenos de hoyos en un mes. Las marcas en las que mi papá confiaba dejaron de cumplir, y nadie hacía uno para alguien que está de pie sobre concreto todo el día.
Así que lo hice yo. Reforzado donde siempre se rompen primero. Seco. No se cae. Lo usé un año en el trabajo antes de ponerle mi nombre.
Los calcetines en los que confié toda la vida se hicieron más delgados cada año. Nadie hacía uno que de verdad aguantara. Así que lo hice yo.
Si algún día te fallan, es mi culpa. No tuya. Para eso está la garantía.